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Mancomunidad del Bajo Deva

Sábado, 19 de Mayo de 2012
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Cueva del Pindal


Pinturas Rupestres de la Cueva del Pindal
Pinturas Rupestres de la Cueva del Pindal


La primera noticia sobre las pinturas y grabados rupestres de la cueva del Pindal (Pimiango, Ribadedeva) fue mérito de H. Alcalde del Río, estudioso de las cuevas prehistóri­cas de la vecina Cantabria, en 1908. Este autor, junto con H. Breuil y L. Sierra, publicó la primera descripción de la misma, acompañada de calcos, reproducciones y fotogra­fías en el capítulo correspondiente de la obra monumental Les cavernes de la Region Cantabrique, publicada en Monaco en 1911.


Estructuralmente, la cueva consiste en una larga ga­lería rectilínea, sobre un eje Oeste-Este, que alcanza una longitud total de 475 metros, divididos convencionalmente en dos sectores. Al Oeste, el sector oculto, constitui­do por una estrecha galería, que desemboca en dos salas sucesivas, colmatadas por bloques de derrumbe; al Este, la gran galería abierta al público, por cuyo fondo corre estacionalmente un riachuelo. La articulación de esta morfo­logía se debe a factores estructurales, como son las frac­turas y planos de estratificación en el interior del paquete estratigráfico, que han determinado los cuatro planos de la galería, el sentido del buzamiento o inclinación descenden­te hacia el Este, y las inflexiones entre el sector oculto y el sector público. Sobre ellos actúan los factores geomorfoló-gicos, como son los procesos de erosión remontante de la corriente de agua, que han ido captando los cauces de tres escorrentías avanzando sucesivamente hacia el Oeste: los arroyos provenientes de las dolinas de Santu Medé, de La Llongar y de La Tronía. De este modo han llegado a unirse en una sola cavidad los dos sectores de la misma.


La cueva de El Pindal es visitable desde el momento de su descubrimiento. El acceso se efectúa desde la carretera nacional N-634, tomando en El Peral la desviación por la carretera local RD-I hacia el lugar de Pimiango, que dista unos 2 kilómetros. En el pueblo, se continúa hacia el faro por carretera local, hasta una bifurcación. De frente se encuentra el aparcamiento; a la derecha, desciende la ca­rretera hacia el pequeño aparcamiento de la cueva, cer­cano a la ermita de Santu Medé. El acceso a la entrada de la caverna se realiza por senda que sale hacia la izquierda, con un recorrido aproximado de 200 metros, atravesan­do un pequeño encinar y descendiendo por escalera ha­cia la plataforma sobre el acantilado donde se encuentra la caseta de recepción.


En la actualidad el suelo de la cueva es el producto de la formación de concreciones calcáreas sobre la super­ficie final del proceso sedimentario, tras haber sufrido la cavidad una reactivación de la corriente de agua que elimi­nó buena parte de los depósitos de aporte exterior, que llegaron casi a colmatar el volumen interior de la galería.


El itinerario de visita procede de Este a Oeste, en sentido inverso al desarrollo natural de la cueva. Conforme este sentido, los investigadores han ido describiendo los di­ferentes conjuntos de representaciones desde fuera hacia dentro, separando los contenidos de la pared izquierda, o meridional, de los de la pared derecha o septentrional. Esta se presta mucho mejor que su opuesta a la actividad de los pintores y grabadores, al ofrecer superficies amplias, relati­vamente lisas y limpias y con apreciable verticalidad, frente a la pared izquierda, donde los planos inclinados y agrieta­dos dominan, dificultando la tarea al artista.


La aplicación del modelo topoiconográfico de Leroi-Gourhan a la cueva del Pindal permite constatar que se adecúa a él en sus rasgos generales. Inmediatamente an­tes del panel principal, efectivamente, y en la pared dere­cha, aparecen un signo laciforme, un trazo lineal, identifi­cado por Breuil como posible proboscídeo, varios trazos lineales -tradicionalmente definidos como portadores de sentido masculino- y otros signos a modo de contenedores cerrados, que se interpretan en el sentido de portar contenidos femeninos, todos ellos en pintura roja. Tras ellos, un caballo grabado pasante hacia la izquierda. Sobre ellos, y en un saliente que la propia roca forma a modo de festón, varios trazos verticales rojos.


A continuación se desarrolla el gran panel, conjun­to de 35 figuras pintadas y grabadas, acompañadas por diferentes grupos de signos. Se inicia por un bisonte gra­bado y pintado en rojo, pasante hacia la derecha. Bajo él, un nuevo bisonte hacia la derecha, también en pintura roja, con trazo lineal ancho. Siguen dos caballos hacia la iz­quierda, de los cuales el superior está grabado con repre­sentación de cabeza y lomo, y el inferior consiste en una cabeza pintada en rojo. Afrontado a ella, mirando hacia la derecha, se encuentra un bisonte grabado y pintado, con un signo vertical en el cuerpo, Bajo él un conjunto de sig­nos rojos, formados por trazos verticales con un ensan­chamiento en el centro o tercio superior, tradicionalmente descritos como claviformes, o en forma de maza (del latín clava, maza). Tras el bisonte se extiende una amplia superficie cubierta por series horizontales de puntos ro­jos, así como diversos trazos verticales sobre los festones rocosos. Sobre la mancha de puntos, un caballo grabado hacia la derecha, con varios signos lineales y una muy du­dosa mano pintada en rojo situada bajo el vientre. Tras él, otra cabeza de caballo grabada, hacia la derecha. Debajo, y junto a la mancha de puntos, un bisonte grabado hacia la derecha, al que le falta la cabeza. Posee igualmente tres trazos sobre el cuerpo y dos series de puntos rojos bajo el vientre. Siguen un conjunto de signos claviformes, de menor tamaño y otros trazos paralelos. De nuevo un bi­sonte grabado incompleto, pues le falta la cabeza, pasan­te hacia la derecha, con puntos en el lomo y tres signos claviformes bajo el vientre. Bajo él, otro bisonte grabado, hacia la izquierda y con el eje de composición oblicuo, al que le falta la cabeza y el tercio anterior. Sigue una com­posición formada por un gran bisonte grabado y pintado, hacia la derecha, con diversos trazos rojos en el interior, y dos conjuntos de signos asociados, claviformes junto a las patas delanteras y a modo de puntas lanceoladas junto a la boca. Sobre el lomo de esta gran figura, una cierva de trazo lineal ancho en rojo, hacia la derecha, cuya pata de­lantera ha sido cortada por la línea del lomo del bisonte. Ante la cabeza de esta, y siguiendo un eje vertical, un ca­ballo grabado, al que le faltan las patas. Esta composición está enmarcada por festones rocosos dotados de los ya conocidos trazos verticales rojos. Continúa el panel con una pareja de bisontes grabados afrontados por las cabe­zas, bajo las que se dispone otro pequeño grabado de bi­sonte hacia la derecha, siguiendo un eje oblicuo, acompa­ñado de diversos trazos de difícil comprensión.


Tras un vacío de varios metros, la pared acoge una nueva figura de bisonte pintado en trazo lineal ancho rojo, hacia la izquierda, de gran tamaño. A más de dos metros hacia el interior, una cabeza de caballo grabada y pintada en rojo, mirando hacia la izquierda. Otros dos metros lar­gos separan este caballo de un gran bisonte grabado, ha­cia la derecha, al que le falta la cabeza. Sobre el lomo se dispone la figura de un pez grabado, hacia la derecha, en el que se ha querido reconocer un atún. Está acompaña­do por varias series de puntos rojos y negros. En la pared izquierda, en el sector central y a unos 150 metros de la entrada se encuentra una cabeza de ca­ballo pintada en rojo, hacia la derecha.


Al fondo de la cavidad, alejados 35 metros de estas úl­timas composiciones centrales, se encuentran las siguientes representaciones. En la pared derecha, un mamut hacia la izquierda, pintado en rojo, con una mancha a la altura del hombro que parece representar la oreja. A continuación, dos series de trazos verticales paralelos en rojo. En la pared izquierda, en unos divertículos o camarines elevados, se en­cuentran dos ciervos pintados en negro, hacia la derecha, y dos cabezas de caballo, pintadas y grabadas en negro, ha­cia la izquierda. En sus inmediaciones figuran dos signos pin­tados en negro, lineales, de los cuales uno es ramiforme y otro consta de una serie de trazos verticales cruzados per-pendicularmente sobre un trazo longitudinal ondulado.


En su conjunto, la cueva cuenta con diez caballos, doce bisontes, un mamut, tres cérvidos y un pez, entre el bestiario reconocido.


Los primeros estudiosos de la cueva agruparon las figuras en cuatro conjuntos, combinando técnicas de rea­lización y estilo de las representaciones. Habría que dis­tinguir, de este modo, un grupo arcaico de pinturas rojas, un grupo de motivos polícromos grabados y pintados, un grupo de pinturas negras y un grupo tardío de pinturas rojas de trazo ancho y difuso. Asignaron según ello, cro­nologías a cada uno de estos conjuntos, desde el Auriñaciense (hacia el 36.000 BP) al Magdaleniense (16.000-10.000 BP). Según ello, todo el Paleolítico superior habría sido testigo de la labor artística en el Pindal. Posterior­mente, la gran síntesis de Leroi-Gourhan situaba las pin­turas en el denominado estilo IV Antiguo, correspon­diente al Magdaleniense medio (hacia 14.000 BP). Jordá Cerda, por su parte, adscribió al Solutrense el mamut y buena parte de las figuras rojas del panel principal (sig­nos vulvares, laciforme, signo en U, un bisonte, una cabe­za de caballo y una cierva), además de los claviformes y los puntos (1977: 101-103). Al Magdaleniense medio que­darían asignados un gran bisonte acéfalo con dardos, en rojo, el pez, los grabados de trazo múltiple y el difuso bi­sonte polícromo (1977: 139-140). Por último, durante el Magdaleniense superior se habría completado el reperto­rio, con las representaciones del fondo de la cavidad, los signos arboriforme y serpentiforme (1977: 147).


Recientemente, se ha postulado la pertenencia de todo el repertorio de temas y signos al Magdaleniense medio (hacia 14.000-13.000 BP), en función de argu­mentos tanto de orden estilístico como iconográfico y técnico. No obstante, la fuerte crítica, sólidamente fun­dada, sufrida por esta propuesta obliga a desecharla. Le­jos de constituir un conjunto homogéneo, las pinturas del Pindal fueron realizadas en épocas diferenciadas, e incluyen conjuntos tanto del estilo III como del estilo IV. Es preciso diferenciar las figuras pintadas con trazos li­neales rojos anchos de las figuras realizadas con graba­do fino, pintadas y modeladas en rojo, que en el único caso de superposición existente en la cueva -gran bi­sonte sobre cierva-, son posteriores a las primeras. En todo caso, es probable que el resultado final del Pindal provenga de una actividad milenaria por parte de suce­sivos ocupantes de la cueva, lo que se habría traducido en la complejidad compositiva del gran panel central.

El grado de conservación del conjunto rupestre de El Pindal es aceptable. En la actualidad su visita es posible durante todo el año, con­tando con un cupo de visitantes diario de 150 personas.


Entrada a la Cueva del Pindal
Entrada a la Cueva del Pindal


(Texto extraído del libro "Arte Rupestre prehistórico del Oriente Asturiano, de Sergio Ríos González, César García de Castro Valdés, Marco de la Rasilla Vives y Francisco Javier Fortea Pérez)

Régimen de visitas


Horario:
De Miércoles a Domingo: de 9:30 a 13:30 h. y de 15:00 a 16:45 h.

Cupos máximos:
Por motivos de conservación el número de visitantes que debe acceder a la cueva está limitado a 200 personas por día y 25 personas por grupo.

Acceso a partir de los 7 años.

Venta de entradas:
Las 200 entradas diarias se irán vendiendo en la oficina situada en el entorno de la propia cueva, en orden horario consecutivo hasta completar los 8 pases diarios, avanzándose por tanto uno cada 25 solicitudes.

Guia en información: Tlf. 608 17 52 84

Las entradas adquiridas sólo serán válidas para el pase horario correspondiente

Reservas


A excepción de los grupos que hayan cursado solicitud escrita previa, no se admiten reservas.

Reservas: Apdo. de correos 29 - 33590 Colombres (Asturias)

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