Se sitúa al borde de la carretera que conduce de Colombres a Noriega, en el sugestivo itinerario hacia el Valle Oscuro. Se trata de un barrio que acogió otras varias construcciones de Indianos; en las proximidades están las escuelas, pintadas de rojo en la actualidad, y frente a esta casa –ya en trance de desaparecer- otra antigua finca, el Palacio de la Teja.
Con el nombre de La Palmera se nos indica lo que debió llamar más la atención en el pequeño pueblo de Noriega, cuando se levantó esta propiedad. El edificio evidencia el eclecticismo que aparece en las construcciones del maestro Manuel Posada Noriega y es probable que se deba a su mano, ya que hay muchas semejanzas con otras obras suyas.
La fachada principal incorpora un ático abuhardillado con óculo entre dos volutas. Cuatro pilastras recorren toda la altura y dividen la superficie en tres zonas, siendo la central la más destacada con el eje vertical que forman puerta, mirador y balcón. Lo más notable es el excelente estado de conservación de sus interiores, con diseño modernista en las guirnaldas y cenefas que adornan las puertas, entrepaños y techos, que destacan con la actual policromía, así como el amueblamiento y la infinidad de detalles en bronce, hierro, escayola o madera, que determinan el lujo y el gusto del propietario.